CIUDAD DE MÉXICO, a 17 de julio de 2026.- Pagar 80 pesos por un café de especialidad puede parecer una decisión cotidiana, pero también puede reflejar un proceso económico con impacto directo en el costo de la vivienda, sostiene el analista en Economía y Políticas Públicas, José Eduardo López Portillo. De acuerdo con su análisis, la proliferación de cafeterías de diseño, panaderías artesanales y otros negocios orientados a consumidores con mayor poder adquisitivo representa uno de los primeros indicadores de la transformación económica que experimentan diversos barrios de las principales ciudades del país.
La “gentrificación silenciosa”
El especialista explica este fenómeno mediante el concepto de “gentrificación silenciosa”, que describe cómo la llegada de nuevos consumidores, impulsada en parte por el crecimiento del trabajo remoto y de los nómadas digitales, modifica la dinámica de zonas como Roma, Condesa y Juárez, en la Ciudad de México; la colonia Americana, en Guadalajara, y San Pedro Garza García, en Monterrey. La apertura de establecimientos con precios elevados envía una señal al mercado inmobiliario de que existe capacidad de pago para rentas más altas, lo que incentiva el incremento del valor de los inmuebles.
El efecto, advierte José Eduardo López Portillo, va mucho más allá del precio de un café. Conforme los propietarios elevan los alquileres, numerosos comercios tradicionales enfrentan dificultades para mantenerse abiertos y son sustituidos por franquicias o negocios dirigidos al turismo y a nuevos residentes con mayor capacidad económica. Al mismo tiempo, las familias que han habitado durante años estos barrios encuentran cada vez más complicado cubrir el costo de la vivienda.
Impacto en la vivienda y el desarrollo urbano
El analista señala que la revalorización del suelo urbano también incrementa el valor catastral y encarece diversos servicios, situación que puede obligar a los habitantes originales a trasladarse hacia las periferias de las ciudades. Este desplazamiento, explica, implica no solo la pérdida del lugar de residencia, sino también mayores tiempos de traslado y un acceso más limitado a oportunidades laborales y servicios.
Para José Eduardo López Portillo, la respuesta no consiste en limitar la apertura de cafeterías o frenar la inversión privada, sino en fortalecer las políticas públicas de vivienda y la planeación urbana para evitar que el desarrollo económico provoque la expulsión de los residentes de toda la vida. El especialista considera que comprender la relación entre el consumo, la transformación de los barrios y el mercado inmobiliario es un paso importante para impulsar ciudades con un crecimiento más equilibrado y un acceso más equitativo a la vivienda.
















