CIUDAD DE MÉXICO, a 21 de septiembre de 2026.— El plástico que termina en el ambiente puede fragmentarse hasta alcanzar tamaños prácticamente imperceptibles y encontrar distintas vías de entrada al organismo. Una investigación encabezada por especialistas del Instituto Politécnico Nacional detectó micro y nanoplásticos en muestras de sangre y orina de habitantes de una comunidad costera de Oaxaca.
El estudio incluyó a 98 voluntarios y analizó 169 muestras biológicas, 78 de sangre y 91 de orina. En 71 participantes fue posible obtener ambos tipos de muestras, lo que permitió comparar cómo se comportaban los distintos polímeros en los dos fluidos. La comunidad estudiada es rural, costera y tiene alrededor de 2 mil habitantes.
La investigación apareció en Environmental Pollution y fue publicada en línea el 1 de julio de 2026. El trabajo contó con participación del CIIEMAD del IPN y del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, en Barcelona.
Todos presentaron al menos un polímero
Los especialistas buscaron 10 familias de plásticos, entre ellas polietileno, polipropileno, PET, PVC, poliestireno, nylon N66, policarbonato y PMMA.
Todos los participantes tuvieron al menos uno de los polímeros analizados en alguna de las dos matrices. La frecuencia de detección alcanzó 97.8 por ciento en orina y 88.5 por ciento en sangre. Además, la concentración total promedio fue de 24.06 microgramos por mililitro en orina y de 11.81 en sangre.
El análisis morfológico identificó 818 micropartículas en sangre. El 70 por ciento fueron fibras. En orina se contabilizaron 764 partículas, con una distribución de 52 por ciento de fibras y 48 por ciento de fragmentos.
El PMMA fue el polímero encontrado con mayor frecuencia, mientras que el polipropileno y el PET registraron algunas de las concentraciones más altas. El policarbonato sólo apareció en orina.
Aún falta saber qué ocurre después
Uno de los resultados que llama la atención es el comportamiento del nylon N66, cuya relación de concentración entre sangre y orina fue mayor que la de otros polímeros. Los autores plantean como hipótesis una posible retención diferenciada, aunque advierten que deberá comprobarse con nuevos estudios.
El trabajo tampoco encontró una correlación significativa entre las concentraciones de cada polímero en sangre y orina de las 71 personas con muestras pareadas. Esto significa que la cantidad detectada en sangre no permite anticipar directamente cuánto aparecerá en la orina.
Los investigadores subrayan que el estudio no analizó órganos ni tejidos y que, por su diseño realizado en un solo momento, no demuestra acumulación ni enfermedades provocadas por estas partículas. El siguiente paso será estudiar con mayor detalle cómo se absorben, distribuyen y eliminan dentro del organismo.















