CIUDAD DE MÉXICO, 26 de enero de 2026.— ¿Alguna vez te has preguntado si tener muchos animales en casa puede dejar de ser ayuda y convertirse en un problema? No se trata de juzgar ni de señalar, sino de entender cuándo el amor por las mascotas cruza una línea que afecta tanto a las personas como a los propios animales.
Especialistas llaman a esto síndrome del arca de Noé, un trastorno reconocido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), que se caracteriza por la acumulación de animales domésticos sin la capacidad real de brindarles cuidados adecuados, aun cuando la persona cree estar ayudándolos.
De acuerdo con académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este síndrome aparece con mayor frecuencia en personas adultas mayores, sobre todo después de pérdidas importantes, abandono o situaciones de soledad prolongada.
Cuando la compañía se vuelve carga
Hugo Sánchez Castillo, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica en una entrevista publicada por la institución que los animales suelen convertirse en una fuente de afecto y compañía. El problema surge cuando el número crece sin control y se genera hacinamiento, falta de higiene y riesgos sanitarios.
Sánchez Castillo subrayó que el abordaje del síndrome del arca de Noé debe ser integral y acompañado, ya que no se trata de una conducta que pueda corregirse de manera inmediata. Explicó que el tratamiento incluye atención psicológica y, en los casos más complejos, apoyo farmacológico con antidepresivos o ansiolíticos.
Destacó además el papel clave de la familia, al señalar que el estigma y el rechazo social suelen agravar la situación, por lo que el proceso de separación de los animales debe realizarse de forma gradual, con seguimiento profesional y contención emocional.
Aunque no existen cifras oficiales, algunos estudios estiman que hasta 1 % de la población mundial podría presentar este trastorno. La normalización social de tener múltiples mascotas también puede dificultar su detección.
Desde la etología, Claudia Edwards Patiño, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, advierte que los animales en estas condiciones sufren desnutrición, estrés, enfermedades y alteraciones en su conducta, además de vivir en ambientes insalubres.
Los especialistas coinciden en que no se trata de castigar, sino de acompañar con atención psicológica, apoyo familiar y acciones graduales, siempre priorizando el bienestar animal y la salud de las personas.
Reconocer el problema es el primer paso para ayudar sin hacer daño.















