Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., a 14 de febrero de 2026.- La investigadora Karla Rodríguez Medina, de la ENES UNAM, advirtió que en medio del crecimiento acelerado de Mérida han surgido humedales urbanos que hoy funcionan como refugios clave para la fauna silvestre, al ocupar antiguas sascaberas y zonas de extracción de piedra que, con el tiempo, se transformaron en cuerpos de agua rodeados de vegetación.
Explicó que estos sitios, conocidos localmente como aguadas, son resultado de un proceso de resiliencia ecológica, donde la naturaleza retomó espacios alterados por la actividad humana, generando ecosistemas con dinámica propia que actualmente brindan servicios ambientales de alto valor para la ciudad.
El monitoreo científico, realizado durante más de un año, ha permitido documentar su importancia biológica. Tan solo en cuatro de estos humedales urbanos se han registrado 97 especies de aves, entre residentes y migratorias, que utilizan estos espejos de agua como zonas de descanso, alimentación y anidación dentro de sus rutas continentales.
Detalló que la riqueza no se limita a las aves. El contacto directo con el manto freático propicia la presencia de anfibios, reptiles y una cobertura vegetal densa que actúa como barrera natural ante el avance urbano. Mencionó como ejemplo el Biocorredor Ecológico del Poniente, donde las inundaciones estacionales reducen la intervención humana y favorecen la permanencia de diversas especies.

Rodríguez Medina señaló que estos espacios cumplen una función estratégica frente al aumento de temperaturas. Los humedales operan como reguladores térmicos naturales, al disminuir las islas de calor, captar agua de lluvia y contribuir a la captura de carbono mediante su vegetación y masa arbórea.
Indicó que la conservación debe ser prioritaria. La participación ciudadana es necesaria para que la población valore estos entornos, bajo esquemas de uso responsable y no invasivo. Actividades como el avistamiento de aves permiten la apropiación social sin alterar el equilibrio ecológico.
Concluyó que estos humedales urbanos no son simples vestigios de una antigua actividad extractiva, sino piezas fundamentales para la viabilidad ambiental de Mérida frente al cambio climático, al sostener biodiversidad, moderar el clima local y ofrecer servicios ecosistémicos esenciales en una ciudad que continúa expandiéndose.















