Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., a 11 de mayo de 2026.- Lo que durante años parecía una tecnología reservada únicamente para grandes ranchos, hoy comienza a transformar la vida de pequeños productores en Yucatán. En el municipio de Sucilá nacieron los primeros siete becerros obtenidos mediante inseminación artificial, como parte de un programa estatal enfocado en modernizar la ganadería yucateca desde las comunidades rurales.
El nacimiento ocurrió en el rancho Kenedy, propiedad del productor Roger Alonso Moreno Monforte, quien recibió apoyo del Programa de Mejoramiento Genético y Repoblamiento Ganadero impulsado por la Secretaría de Desarrollo Rural.
El resultado sorprendió incluso entre productores de la región: de 10 vacas inseminadas, siete lograron parir becerros, una cifra que representa esperanza para pequeños ganaderos que históricamente han enfrentado limitaciones económicas y dificultades para acceder a tecnología especializada.
“Nos favorece e impulsa a crecer”, expresó el productor, quien desde hace más de 20 años trabaja en actividades de lechería y engorda de ganado.
Más allá del nacimiento de los animales, el programa representa una oportunidad para cientos de pequeños ranchos donde mejorar la genética bovina suele ser costoso y poco accesible. Ahora, productores pueden acceder gratuitamente a procesos de inseminación artificial utilizando semen de toros Brahman, reconocidos por su resistencia y productividad.

Primera etapa
El Gobierno estatal busca extender este esquema a mil ranchos yucatecos durante una primera etapa, con el objetivo de incrementar el número de cabezas de ganado, fortalecer la producción y mejorar los ingresos de las familias dedicadas al campo.
Además del proceso reproductivo, veterinarios del programa Renacer Ganadero brindan seguimiento permanente a la salud de las vacas y los becerros, con la intención de garantizar que el modelo pueda replicarse exitosamente en otras comunidades rurales.

Para muchos productores, estos siete becerros representan mucho más que nuevas crías: simbolizan la posibilidad de competir, producir más y mantener viva una actividad que durante años ha enfrentado problemas como sequías, altos costos y falta de acceso a innovación tecnológica.
Ahora, pequeños ranchos de Yucatán comienzan a apostar por una idea que hasta hace poco parecía lejana: modernizar el campo sin dejar atrás a los productores más pequeños.














