Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., 17 de marzo de 2026.— La enfermedad renal crónica se perfila como una de las amenazas silenciosas más serias para la salud de los yucatecos, impulsada en gran medida por el avance sostenido de la diabetes mellitus en la entidad. Aunque muchas personas la asocian únicamente con niveles altos de azúcar en la sangre, especialistas advierten que esta condición puede derivar, con el paso de los años, en un daño severo a los riñones, incluso antes de presentar síntomas evidentes.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Entre 2010 y 2024, la diabetes se consolidó como la segunda causa de muerte en Yucatán, con mil 806 defunciones registradas. A ello se suma que, solo en 2025, fueron detectados 7 mil 263 nuevos casos de diabetes tipo 2, lo que confirma la expansión de una enfermedad que mantiene presión constante sobre el sistema de salud estatal.
Aumentan decesos
El impacto también se observa en la mortalidad por insuficiencia renal. En el caso de los hombres, los fallecimientos pasaron de 144 en 2023 a 188 en 2024, una variación que refuerza la preocupación de expertos por la relación directa entre diabetes y deterioro renal. Esta combinación, señalan, se ha convertido en un problema crónico que avanza de forma progresiva y muchas veces sin ser detectado a tiempo.
De acuerdo con especialistas, uno de cada tres pacientes con diabetes puede desarrollar daño renal. El mayor riesgo radica en que este padecimiento suele permanecer oculto durante años. “Cuando aparecen señales como fatiga extrema, hinchazón en piernas o cambios en la frecuencia urinaria, el daño renal ya suele estar avanzado”, advirtió Jorge R. Marín Marrufo, presidente de la Federación Mexicana de Promoción de la Salud.
También, un problema económico
Las consecuencias no se limitan al ámbito médico. En fases avanzadas, la enfermedad renal obliga a los pacientes a someterse a tratamientos como hemodiálisis o incluso a esperar un trasplante renal, procesos que deterioran la calidad de vida y representan una fuerte carga económica para las familias y las instituciones de salud.
A nivel nacional, entre 8 y 10 por ciento de la población podría vivir con algún grado de daño renal sin saberlo, lo que convierte a esta enfermedad en un riesgo silencioso de gran escala. Frente a este panorama, autoridades y especialistas insisten en la necesidad de fortalecer la detección temprana, el control de la diabetes y la prevención de complicaciones antes de que el daño sea irreversible.
















