Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., a 28 de febrero de 2026.– Un manto rosa comienza a desplegarse en Yucatán cuando el calendario avanza hacia el cierre del invierno y el inicio de la primavera. En cuestión de días, calles y avenidas cambian de tonalidad y el paisaje urbano adquiere un aire distinto, más cálido y fotogénico, gracias a la esperada floración del maculís.
Entre finales de enero y marzo, estos árboles se convierten en protagonistas silenciosos de la ciudad. Sus copas, cubiertas de flores, contrastan con fachadas claras y cielos intensamente azules, creando postales naturales que sorprenden tanto a quienes recorren diariamente los mismos rumbos como a visitantes que descubren una Mérida distinta.

El maculís, conocido científicamente como Tabebuia rosea, pierde gran parte de sus hojas antes de florecer, lo que permite que los racimos rosados destaquen con mayor intensidad sobre las ramas. Este proceso, además de anunciar la transición hacia los meses más calurosos, convierte a la especie en uno de los símbolos estacionales más reconocibles del estado.
Parques, camellones y plazas públicas se transforman en escenarios naturales donde los pétalos caen y forman alfombras rosadas efímeras. La escena invita a caminar con calma, levantar la vista y detenerse a capturar imágenes que, año con año, llenan redes sociales y álbumes familiares.
Más allá del atractivo visual, la presencia de estos árboles aporta beneficios ambientales. Ofrecen sombra en una región caracterizada por altas temperaturas y favorecen la presencia de aves e insectos polinizadores, contribuyendo al equilibrio ecológico urbano.
La temporada del maculís es breve, pero suficiente para redefinir el ritmo cotidiano. Durante algunas semanas, Yucatán se tiñe de rosa y recuerda que, incluso en medio de la rutina, la naturaleza encuentra la manera de imponerse con elegancia y transformar el entorno.















