Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc, a 28 de julio de 2026.- En apenas 25 años, Yucatán perdió el equivalente a 19 de cada 100 árboles que tenía al inicio del siglo. Entre el 2000 y el 2025 desaparecieron 580 mil hectáreas de cobertura arbórea, una superficie que alcanzaría para cubrir más de cuatro veces todo el municipio de Mérida, de acuerdo con los datos más recientes de la plataforma internacional Global Forest Watch.
Aunque la pérdida de selva ha sido constante, no todos los años han sido iguales. El 2009 fue el periodo más crítico, con 56 mil hectáreas deforestadas en solo 12 meses. En contraste, 2022 registró la cifra más baja del periodo, con 12 mil hectáreas perdidas, en gran medida por la disminución de actividades económicas durante la pandemia. Sin embargo, esa tendencia cambió nuevamente y en 2024 desaparecieron otras 20 mil hectáreas, reflejando un repunte en la destrucción de la cobertura forestal.
El municipio más afectado es Tizimín, donde se han perdido 128 mil hectáreas de selva, principalmente por el avance de la ganadería. Le siguen Tekax, con 49 mil 500 hectáreas; Tzucacab, con 37 mil; Chemax, con 34 mil 200, y Yaxcabá, con 26 mil 100 hectáreas. En conjunto, estos cinco municipios concentran más de la mitad de toda la deforestación registrada en Yucatán durante el periodo analizado.

Las causas detrás de la pérdida de selva
Especialistas del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) señalan que detrás de esta pérdida se encuentran la expansión de la agricultura y la ganadería, el crecimiento de granjas intensivas, el desarrollo inmobiliario, los proyectos turísticos y la construcción de infraestructura. Solo entre 2019 y 2023, la Península de Yucatán perdió un promedio de 196 hectáreas de vegetación al día, una tasa cuatro veces superior al promedio nacional.
Aunque Mérida no figura entre los municipios con mayor superficie deforestada, también ha resentido el problema. La capital ha perdido 5 mil 490 hectáreas de cobertura arbórea, una situación que especialistas relacionan con el aumento de las temperaturas y el fenómeno de isla de calor urbana. El crecimiento de la ciudad ha sustituido áreas verdes por concreto y pavimento, favoreciendo que cada año el calor sea más intenso.
Investigadores de la UNAM y la UADY advierten que la expansión urbana ha transformado radicalmente el paisaje de Mérida. Mientras hace poco más de un siglo la ciudad ocupaba apenas siete kilómetros cuadrados, hoy supera los 800. Como consecuencia, en mayo de 2024 se registró una temperatura récord de 43.7 grados, y durante 2026 las sensaciones térmicas han rebasado los 45 grados en distintos puntos de la ciudad.
Además del aumento del calor, la pérdida de selva pone en riesgo el agua, el principal recurso natural de Yucatán. La vegetación permite recargar el acuífero del que depende todo el estado, regula la temperatura, protege la biodiversidad y ayuda a capturar carbono. La Semarnat estima que 95.61 por ciento de las selvas yucatecas ya presenta algún grado de degradación.
Ante este panorama, especialistas coinciden en que frenar la deforestación y recuperar la cobertura forestal será uno de los mayores retos ambientales para Yucatán en los próximos años. De ello dependerá no solo la conservación de la selva maya, sino también la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la capacidad del estado para enfrentar los efectos del cambio climático.















