CIUDAD DE MÉXICO, a 14 de febrero de 2026.- Más que compañía o afinidad pasajera, la amistad es una necesidad profunda para el ser humano. Así lo afirmó Rolando Díaz Loving, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, quien destacó que nuestra capacidad de crear redes y apoyarnos mutuamente es clave para la supervivencia de la especie. “La dimensión social es una base fundamental del desarrollo personal, emocional y mental”, subrayó.
De acuerdo con el especialista, diversos estudios de largo plazo demuestran que el mayor predictor de bienestar no son los logros materiales ni el éxito profesional, sino la calidad de las relaciones que se construyen y mantienen a lo largo del tiempo. Las amistades positivas y duraderas funcionan como un “ancla anímica” que permite enfrentar dificultades, regular emociones y conservar una sensación de sentido y pertenencia.
En México y en muchas culturas latinoamericanas, explicó Díaz Loving, la identidad personal está estrechamente vinculada al grupo de pertenencia —familia, amigos, comunidad—, por lo que el bienestar no se entiende sólo desde lo individual, sino desde la armonía con los otros. Cuando esos vínculos se debilitan o se rompen, el impacto alcanza la autoestima, la motivación y la estabilidad emocional.
Importante en la adolescencia
La ausencia de relaciones cercanas no es un asunto menor. El informe más reciente de la Comisión de la Organización Mundial de la Salud sobre Conexión Social advierte que los lazos amistosos protegen el bienestar general, reducen la probabilidad de enfermar, favorecen la salud mental e incluso ayudan a prevenir la muerte prematura. La soledad, en contraste, representa un riesgo silencioso.
En etapas clave como el bachillerato y la universidad, este impacto se vuelve aún más delicado. Según el académico de la UNAM, jóvenes que se sienten aislados no sólo enfrentan malestar emocional, sino también posibles afectaciones en su rendimiento escolar y permanencia académica. Diversos estudios coinciden en que quienes cuentan con redes de apoyo, especialmente de sus pares, muestran mayor motivación, constancia y capacidad para sobreponerse al fracaso.
Incide en la salud del cuerpo
El efecto de la amistad también se manifiesta en el cuerpo. La convivencia con personas cercanas estimula la liberación de neurotransmisores como la oxitocina, la serotonina y la dopamina, asociados con el placer y la calma, al tiempo que disminuye el cortisol, relacionado con el estrés. Incluso gestos sencillos como un abrazo pueden fortalecer el sistema inmunológico y favorecer la recuperación emocional.
No obstante, el especialista advierte que no todos los vínculos generan el mismo impacto. Las relaciones basadas únicamente en la euforia momentánea pueden provocar altibajos emocionales, mientras que aquellas construidas con constancia, compromiso e intimidad aportan beneficios estables. En la era digital, añadió, el reto es no confundir la interacción superficial con el apoyo emocional real.
En un contexto donde la ansiedad, la depresión y el estrés afectan cada vez más a las juventudes, las amistades sanas siguen siendo uno de los factores protectores más relevantes. Construirlas y mantenerlas requiere tiempo, reciprocidad y límites claros, pero su impacto trasciende lo inmediato: sostienen la vida anímica, fortalecen la salud mental y acompañan en cada etapa del camino.















