Ciudad de México, a 16 de febrero de 2026.- El retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, realizado a mediados del siglo XVIII por Miguel Cabrera, es una de las imágenes más poderosas del imaginario cultural mexicano. Pintado décadas después de la muerte de la escritora, el óleo consolidó visualmente a la Décima Musa como símbolo de inteligencia, espiritualidad y genio literario.
Resguardado en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, el cuadro forma parte del proyecto de investigación y conservación “Una imagen de aliento y cenizas. El retrato de Sor Juana entre la materia y la memoria”, desarrollado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Nacional Autónoma de México.
El arte observado en tiempo real
Entre el 3 y el 13 de febrero, visitantes del museo pudieron observar cómo especialistas examinaban la pintura directamente en sala. El objetivo fue conocer su estado de conservación, los materiales originales y el método de trabajo de Cabrera, información indispensable para definir estrategias de preservación y exhibición.
El estudio se realizó mediante técnicas no invasivas. En una primera etapa se aplicaron registros en espectro visible y ultravioleta, que permitieron identificar pinceladas, veladuras, retoques y alteraciones superficiales. Estas imágenes revelaron detalles invisibles al ojo humano y ofrecieron una lectura más precisa de la superficie pictórica.

Lo que dicen los pigmentos
Durante la segunda semana, el equipo utilizó espectroscopía de fluorescencia de rayos X y reflectancia por fibra óptica. Con ello se obtuvo información sobre la composición elemental y molecular del óleo: pigmentos, colorantes, aglutinantes y la preparación de la tela, ampliando el conocimiento sobre las prácticas técnicas del pintor oaxaqueño.
Los primeros resultados revelaron la presencia de pentimenti, o arrepentimientos del artista. Entre ellos destacan cambios en el tamaño del tintero, en la posición de los dedos de la mano izquierda —que suavizan el gesto—, en el largo del hábito y en algunos títulos de los libros del fondo, decisiones que muestran el proceso creativo de Cabrera en plena ejecución.
Los primeros resultados revelaron la presencia de pentimenti, o arrepentimientos del artista. Entre ellos destacan cambios en el tamaño del tintero, en la posición de los dedos de la mano izquierda —que suavizan el gesto—, en el largo del hábito y en algunos títulos de los libros del fondo, decisiones que muestran el proceso creativo de Cabrera en plena ejecución.
El procesamiento de datos se extenderá por tres meses y culminará en una publicación especializada que permitirá comparar esta obra con otros retratos del autor, incluso con piezas conservadas en el Museo del Prado. Así, la ciencia del patrimonio abre una nueva ventana para comprender no solo el rostro de Sor Juana, sino también la maestría técnica y conceptual de uno de los grandes pintores novohispanos.















