Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc, a 20 de febrero de 2026. – Entre 2000 y 2020, la mancha urbana de Mérida pasó de 21 mil 103 a 42 mil 186 hectáreas, prácticamente el doble en dos décadas. Este crecimiento territorial ha estado acompañado por la proliferación de más de 300 desarrollos inmobiliarios en la zona metropolitana, con especial concentración en el norte de la ciudad.
Según datos citados por la Universidad Nacional Autónoma de México, la población metropolitana creció de 800 mil a 1.3 millones de habitantes en el mismo periodo, lo que confirma un dinamismo demográfico sostenido, aunque ligeramente por debajo del ritmo de expansión del mercado de vivienda.
El mercado habitacional en Yucatán reporta un crecimiento anual de 2.3 por ciento, superior al aumento poblacional estimado en 2 por ciento. Para Iván Cervera López, presidente en Yucatán de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios, esta diferencia refleja una combinación de demanda local, inversión externa y expectativas de plusvalía.
No obstante, advirtió que el riesgo aparece cuando el precio de mercado se separa de los factores objetivos que determinan el valor real de una propiedad, como ubicación, infraestructura disponible y servicios urbanos consolidados.
Valor vs. precio: el punto crítico
El dirigente inmobiliario subrayó que uno de los errores más comunes en el debate público es confundir valor con precio. Mientras el valor responde a condiciones tangibles y medibles, el precio depende de la disposición de pago del comprador y de las expectativas de crecimiento futuro.
En zonas como Temozón Norte, terrenos aún sin servicios consolidados han alcanzado cotizaciones elevadas impulsadas por la percepción de plusvalía futura. Este fenómeno, explicó, es común en mercados en expansión, pero se vuelve problemático cuando las proyecciones superan la realidad del entorno.
El encarecimiento no sólo implica riesgos para inversionistas que podrían adquirir activos sobrevaluados, sino que también incrementa las barreras de acceso para sectores de ingresos medios y bajos.
Especialistas en desarrollo urbano coinciden en que la presión sobre precios y rentas responde a un fenómeno multifactorial: crecimiento demográfico, inversión externa, planeación urbana, disponibilidad de suelo y niveles salariales locales. En este escenario, el desafío consiste en equilibrar la expansión con políticas que garanticen vivienda accesible y sostenible para la población local.















