Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc, a 12 de abril de 2026.- En solo 18 meses, la erosión costera ha devorado decenas de metros de playa en Yucatán, en un proceso que ya dejó retrocesos documentados de hasta 19 metros en promedio entre 1980 y 2019 en todo el litoral, y pérdidas de hasta 100 metros tierra adentro en puntos críticos como Telchac Puerto.
Hoy, en municipios como Progreso, Chelem y Chicxulub, el mar se encuentra a escasos metros de viviendas y comercios, mientras el 27% de la franja costera ya tiene construcciones a menos de 10 metros del océano, un dato que refleja la presión urbana detrás de un fenómeno que está transformando de forma acelerada la línea de costa.
El impacto es visible en el día a día de las comunidades costeras. En zonas como Progreso y Chicxulub Puerto, tramos de playa que antes funcionaban como áreas recreativas o de actividad pesquera han desaparecido casi por completo, obligando a los habitantes a convivir directamente con el oleaje y con infraestructura en riesgo constante.

Especialistas han señalado que este fenómeno no es reciente ni aislado. El investigador Jorge Euán ha documentado durante décadas el retroceso del litoral, identificando zonas donde la pérdida anual alcanza varios metros, especialmente en puntos como Chelem y Chuburná, donde la dinámica del oleaje ha rebasado la capacidad natural de recuperación de la playa.
A la erosión progresiva se suman eventos extremos que aceleran el desgaste. El paso indirecto de fenómenos meteorológicos como el huracán Milton en 2024 alteró corrientes y provocó pérdidas adicionales de arena en cuestión de semanas, dejando expuesta infraestructura que antes estaba protegida por amplias franjas de playa.
Autoridades ambientales han reconocido que el problema abarca toda la costa y no se limita a municipios específicos. Desde la delegación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales en Yucatán se ha advertido que la transformación del litoral es regional y responde a una combinación de factores naturales y humanos.
Entre estos factores, el desarrollo inmobiliario juega un papel clave. La construcción de viviendas y complejos turísticos sobre dunas y manglares ha eliminado barreras naturales que amortiguaban el impacto del mar, dejando expuestas amplias zonas del litoral. Hoy, en varios puntos de la costa, la línea entre el mar y las viviendas es prácticamente inexistente.
En este escenario, la erosión no solo modifica el paisaje, sino que también redefine la economía local, la pesca y el acceso a las playas, en una crisis ambiental que avanza más rápido que las soluciones para contenerla.














