Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., a 5 de mayo de 2026.— Llevar carne a la mesa en Yucatán dejó de ser una práctica cotidiana para convertirse en un gasto difícil de sostener, en un contexto donde los precios continúan al alza y los ingresos no crecen al mismo ritmo.
Precios presionan el consumo
Actualmente, el kilo de carne de cerdo ronda los 110 pesos, mientras que la carne de res se ubica entre los 170 y hasta los 200 pesos, lo que representa un impacto directo en la economía familiar, especialmente en hogares con varios integrantes.
Este encarecimiento ha reducido el margen de maniobra en el gasto diario, obligando a muchas familias a replantear sus compras y priorizar productos más accesibles.
Menos proteína animal, más alimentos económicos
Ante este escenario, la respuesta ha sido disminuir el consumo de proteína animal y optar por alimentos de menor costo. Preparaciones tradicionales como tortillas, panuchos y salbutes han retomado protagonismo por su capacidad de rendir en la mesa.
Estos platillos permiten alimentar a familias numerosas sin comprometer completamente el presupuesto, en un entorno donde cada peso cuenta.
El pollo también se racionaliza
Aunque el pollo se mantiene como la opción más accesible, con un precio cercano a los 57 pesos por kilo, su consumo también ha sido ajustado bajo esquemas de ahorro.
Ahora se privilegian preparaciones como caldos, sopas y guisos, que permiten extender una pieza para varias comidas, maximizando su rendimiento.
Cambio forzado en la alimentación
Más allá del incremento de precios, lo que se observa es un cambio estructural en los hábitos alimenticios de las familias yucatecas, quienes están adaptando su dieta por necesidad y no por elección.
En este contexto, comer carne se perfila cada vez más como un lujo, reflejando el impacto de la inflación en la canasta básica y en la calidad de vida de los hogares.











