Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., a 27 de mayo de 2026.- El cierre temporal de Chichén Itzá ya comenzó a sentirse mucho más allá de la zona arqueológica. Lo que parecía una suspensión momentánea hoy empieza a traducirse en pérdidas económicas millonarias, preocupación en el sector turístico y decenas de artesanos viendo pasar los días sin un solo cliente en uno de los destinos más visitados de México.
El director general del Patronato Cultur, David Escalante Lombard, reveló que las afectaciones económicas para Yucatán ya rondan el millón de pesos, una cifra que sigue creciendo conforme permanecen detenidos los accesos al sitio arqueológico más emblemático del mundo maya.
Tan solo por entradas turísticas, explicó, las pérdidas oscilan entre 800 y 900 mil pesos diarios durante esta temporada considerada baja. Y es que, incluso en mayo, Chichén Itzá mantiene una fuerte afluencia de visitantes, con promedios de entre 4 mil y 6 mil personas al día, aunque en temporadas altas la cifra puede superar fácilmente los 8 mil turistas diarios. A esto se suma el impacto económico para la federación por concepto de boletaje y consumo turístico.
Pero el golpe más fuerte no estaría únicamente en las cifras oficiales. Detrás del cierre hay familias enteras que dependen de la llegada diaria de visitantes para vender artesanías, ofrecer recorridos o trabajar en servicios turísticos alrededor de la zona arqueológica. Hoy, muchos de esos espacios lucen vacíos.
Escalante Lombard reconoció que la suspensión tomó por sorpresa a gran parte del sector turístico, obligando a activar de inmediato mecanismos de coordinación con agencias de viajes, operadoras turísticas y navieras que diariamente movilizan a miles de visitantes hacia Chichén Itzá. Desde entonces, aseguró, mantienen comunicación constante para informar sobre la evolución de la situación y evitar una afectación todavía mayor al turismo en Yucatán.
Otras zonas se benefician
Mientras tanto, otros destinos han comenzado a resentir el efecto colateral del cierre. Uno de ellos es Ek Balam, zona arqueológica que pasó de recibir alrededor de 200 visitantes diarios a triplicar e incluso cuadruplicar su afluencia tras el cierre de Chichén Itzá. El incremento ha permitido amortiguar parcialmente las pérdidas y, al mismo tiempo, dirigir reflectores hacia otros atractivos turísticos del estado.
Sobre las inconformidades de artesanos y vendedores, el titular de Cultur aseguró que uno de los acuerdos más importantes desde el inicio del proyecto fue evitar el desplazamiento de comerciantes de la zona. En ese sentido, destacó que el nuevo Centro de Atención a Visitantes contará con 960 espacios destinados para artesanos, guías y vendedores, quienes continúan esperando que la situación se regularice para poder recuperar plenamente sus ingresos.
Por ahora, el silencio en Chichén Itzá no sólo preocupa por el turismo. También refleja el impacto económico que puede generar el cierre de uno de los motores más importantes para miles de familias y para la industria turística de Yucatán.














