CIUDAD DE MÉXICO, a 2 de marzo de 2026.- Mientras el macaco japonés “Punch” se volvió viral por sus gestos captados en video, ahora otros primates vuelven a llamar la atención, pero por una razón distinta. Un estudio realizado en México demostró que los macacos pueden seguir el ritmo de la música, una capacidad que hasta hace poco se creía exclusiva de los humanos y de algunas aves.
Durante años, la evidencia científica indicaba que solo las especies que aprenden vocalmente, como ciertos pericos, podían sincronizar sus movimientos con una pieza musical. Sin embargo, investigadores del Instituto de Neurobiología de la UNAM, campus Juriquilla, comprobaron que los macacos también pueden hacerlo.
El trabajo fue encabezado por Vani Rajendran, Hugo Merchant, Luis Prado y Juan Pablo Márquez, y publicado en la revista Science. A lo largo de más de tres años, el equipo entrenó a dos macacos machos adultos llamados Gil y Tomás, quienes ya sabían sincronizarse con el ritmo regular de un metrónomo gracias a estudios previos.
Del metrónomo a canciones reales
El siguiente paso fue más complejo. Los científicos buscaron saber si los animales podían identificar un ritmo dentro de música continua, donde intervienen voces e instrumentos y el pulso no es tan evidente como en un simple clic repetitivo.
Para ello seleccionaron tres piezas con tempos similares a los que los macacos ya conocían. Entre ellas estuvieron You’re the First, the Last, My Everything, de Barry White; New England, de Billy Bragg; y una obra renacentista de Josquin des Prez.
En los registros en video se observa cómo, mientras escuchan las canciones, los macacos mueven la mano de manera rítmica, que es la parte del cuerpo monitoreada para obtener la recompensa. También realizan otros movimientos corporales que no están directamente ligados al premio, lo que sugiere una coordinación más amplia.
Los investigadores midieron la fase de respuesta y el periodo, es decir, el momento en el que el animal identifica el pulso dentro del ciclo musical y la regularidad de los intervalos que produce. Sin indicaciones explícitas sobre dónde estaba el ritmo, lograron detectarlo y ajustarse incluso cuando las piezas fueron modificadas para probar su capacidad de adaptación.
A diferencia de las personas, los macacos no parecen experimentar placer musical de manera intrínseca. Su motivación es externa y consiste en gotas de jugo como recompensa. En los humanos, en cambio, escuchar música activa circuitos de placer que nos impulsan a movernos casi sin pensarlo.
Más allá de la comparación inevitable con Punch, el hallazgo tiene implicaciones médicas relevantes. La estimulación rítmico auditiva se utiliza en terapias para personas con enfermedad de Parkinson, quienes pueden mejorar su caminata al seguir un pulso sonoro. Comprender cómo el cerebro procesa el ritmo podría ayudar a explicar por qué estas intervenciones funcionan.
El equipo de la UNAM busca entender cómo el cerebro cuantifica el tiempo y coordina movimiento y sonido. El estudio sugiere que los macacos poseen una maquinaria cerebral capaz de extraer ritmos complejos, lo que amplía la comprensión sobre la evolución del sentido musical y su vínculo con el movimiento.















