Ciudad de México a 13 de febrero de 2026.- En México: el 54% de los adultos ha participado en algún tipo de relación no monógama a lo largo de su vida, siendo la infidelidad la práctica más recurrente. El dato forma parte del estudio Radiografía de la No Monogamia en Latinoamérica, que analiza cómo están cambiando las dinámicas sexoafectivas en la región.
Esta cifra toma relevancia, pues en algunas partes del mundo el13 de febrero, está dedicado a los amantes, la fecha se consolida como un reflejo de una realidad social compleja: la infidelidad ya no es un fenómeno marginal, sino un síntoma de la transformación en la forma de amar, vincularse y entender el compromiso en México y Latinoamérica. El debate ya no gira solo en torno a la fidelidad, sino a la honestidad, los acuerdos y la diversidad de formas de amar.
De acuerdo con el informe, 33% de los mexicanos que rompieron la monogamia lo hicieron mediante la infidelidad, superando a otras formas como la relación abierta, el poliamor o el “swinger”. El estudio evidencia que, aunque muchas personas siguen identificándose con la monogamia como ideal, en la práctica existe una brecha clara entre lo que se dice y lo que se vive en las relaciones afectivas.
Paradójicamente, el 40% de quienes han sido infieles considera que este tipo de relaciones no prioriza el amor ni el respeto verdadero. Esta percepción revela una tensión interna: la infidelidad es frecuente, pero continúa cargada de estigmas morales y emocionales, asociada a la falta de compromiso, la deslealtad o el rompimiento de acuerdos, según los propios encuestados.
Generaciones jóvenes, abiertas a la diversidad
El cambio más profundo se observa en las nuevas generaciones. El 83% de los latinoamericanos considera que las personas menores de 25 años tienen mayor apertura hacia la diversidad relacional, mostrando mayor curiosidad, flexibilidad y disposición a explorar distintos modelos de vínculo, más allá de la pareja tradicional exclusiva.
El estudio proyecta un escenario donde no habrá prácticas sexoafectivas predominantes en el futuro. En lugar de un modelo único, se perfila una diversidad relacional, con combinaciones de monogamia, no monogamia, soltería y vínculos flexibles, adaptados a las necesidades emocionales y contextos personales de cada generación.















