CIUDAD DE MÉXICO, a 13 de febrero de 2026.– En México, los perros forman parte del núcleo afectivo de millones de familias. Duermen en casa, celebran cumpleaños y acompañan en momentos difíciles. Por eso, la alimentación que reciben todos los días no es un tema menor.
Un análisis reciente realizado en Estados Unidos evaluó 79 productos comerciales de comida para perro, incluyendo croquetas secas, alimentos deshidratados y opciones frescas o congeladas.
El estudio fue elaborado por el Clean Label Project, organización independiente sin fines de lucro, en colaboración con el laboratorio acreditado Ellipse Analytics, especializado en pruebas químicas de contaminantes.
Las croquetas tienen mayores concentraciones
De acuerdo con los resultados, el alimento seco tradicional —las croquetas— registró las concentraciones más altas de metales pesados como arsénico, cadmio, mercurio y plomo.
En promedio, las croquetas presentaron 184.6 partes por billón (ppb) de arsénico, 68.5 ppb de cadmio, 3.8 ppb de mercurio y 180.1 ppb de plomo.
El informe también comparó estas cifras con más de 3,280 productos de consumo humano analizados en la última década y encontró que los niveles en alimento seco para perro fueron considerablemente más altos.
En contraste, los alimentos frescos o congelados mostraron concentraciones menores de estos metales, incluso después de ajustar los datos a la porción diaria recomendada.
¿Por qué ocurre?
El análisis explica que los metales pueden concentrarse en subproductos cárnicos como hígado, riñones y huesos. También pueden estar presentes en mezclas de vitaminas y minerales, así como en ingredientes como arroz, granos o algunos productos del mar.
En total, se realizaron más de 11 mil pruebas individuales para detectar metales pesados y otros compuestos industriales.
Aunque el estudio fue realizado con productos adquiridos en el mercado estadounidense, varias de las marcas evaluadas también se comercializan en México.
Ve las marcas evaluadas aquí
El reporte subraya que actualmente no existen regulaciones federales específicas que establezcan límites claros de exposición crónica a metales pesados en alimento para perro, ya que la mayoría de las normas se enfocan en riesgos microbiológicos.
El análisis no afirma que exista un riesgo inmediato ni llama a retirar productos, pero sí abre la conversación sobre transparencia y estándares de calidad en la industria.
Especialistas recomiendan revisar ingredientes, consultar al veterinario antes de hacer cambios drásticos en la dieta y mantenerse atentos a comunicados oficiales de autoridades sanitarias.
Porque si el perro es parte de la familia, informarse sobre lo que come también es una forma de demostrar cariño y responsabilidad.















