CAMBRIDGE, Reino Unido, a 08 de octubre de 2026.— Mientras el paso de los años provoca cambios en el organismo de los seres vivos, Jonathan parece conservar parte de sus defensas biológicas contra el envejecimiento. Esta tortuga gigante, que habría nacido en 1832, se convirtió en el centro de una investigación que busca entender cómo ha conseguido vivir aproximadamente 194 años.
El estudio, publicado en Science Advances y difundido por la Universidad de Cambridge, reveló que ciertos mecanismos genéticos de Jonathan mantienen una estabilidad comparable con la observada en tortugas considerablemente más jóvenes, pese a su avanzada edad.
Los científicos encontraron 287 variantes genéticas particulares relacionadas con funciones esenciales para conservar la integridad celular. Entre ellas destacan la reparación del ADN, la respuesta inflamatoria, el metabolismo de la insulina y mecanismos asociados con la supresión del cáncer.
La investigación estuvo dirigida por Kallel, organización estadounidense especializada en longevidad, y contó con la participación de científicos de Cambridge.
¿Qué mantiene joven a Jonathan?
Una de las claves apareció al examinar su epigenoma, el sistema de regulación que determina cuándo se activan o desactivan determinados genes.
Los investigadores compararon este perfil con el de ejemplares más jóvenes de la misma especie y encontraron similitudes en regiones vinculadas con la producción de energía y la reparación genética.
Este resultado llamó su atención porque, habitualmente, la regulación de los genes experimenta modificaciones conforme transcurre la vida.
Justin Gerlach, de la Universidad de Cambridge, destacó que los mecanismos estudiados habían conservado una estabilidad excepcional durante casi dos siglos.
Jonathan pertenece a la especie Aldabrachelys gigantea y reside en Santa Elena, una isla del Atlántico Sur. Llegó desde Seychelles en 1882, cuando ya era adulto, como obsequio para el gobernador del territorio.
Actualmente habita en Plantation House, lugar donde ha transcurrido buena parte de su existencia.
Stephen Clark, fundador de Kallel y principal autor del estudio, considera que las características genéticas del ejemplar pueden proporcionar información sobre la resistencia celular.
El descubrimiento no demuestra que estos mecanismos puedan reproducirse en personas, pero ofrece nuevas líneas de investigación sobre el deterioro asociado con la edad y las enfermedades crónicas. Jonathan, mientras tanto, continúa siendo un caso excepcional para la ciencia.
















