Antes de anunciar a su gabinete, Claudia Sheinbaum había revisado el perfil de la empresaria Olivia Salomón Vibaldo, propuesta por algunos sectores morenistas para la secretaría de Turismo. Con formación académica y una sólida trayectoria, la empresaria colaboró con Luis Miguel Barbosa, compitió por la candidatura al gobierno de Puebla en el 2024 y con mucha dignidad declinó el premio de consolación que le ofreció la candidata presidencial para optar, si había oportunidad, por un cargo federal.
Economía no era opción; Turismo sí, aunque no tenía experiencia en el ramo. La entonces presidenta electa tenía su equipo casi completo y solo faltaba alguien menor de 35 años para hacer el último acomodo. En su gira de agradecimiento, pasó por Tlaxcala y pidió entrevistar a Josefina Rodríguez Zamora, quien llevaba tres años como secretaria de turismo en la entidad.
Pero la joven empresaria llegó tarde al mitin morenista y no pudo ingresar al área de invitados especiales. A la distancia escuchó a Claudia Sheinbaum y todavía tuvo tiempo para acudir por la tarde al Mesón Taurino, para ayudar a cerrar la jornada.
Jose se ganó a pulso la confianza presidencial. Carlos Alberto Ulloa Pérez goza de esos privilegios desde hace tres décadas. Sin pertenencia a movimientos estudiantiles o tribus partidistas, el chiapaneco trabajó con cuatro jefes delegacionales de Tlalpan —entre ellos, Carlos Imaz— antes de convertirse en parte esencial del equipo claudista, en el sexenio de AMLO como jefe del Gobierno capitalino.
Pero antes, asistió a Salvador Martínez della Roca, El Pino y por eso tuvo contacto directo con Cuauhtémoc Cárdenas. Sus hermanos Gerardo y Emilio militaron en la ANCR y han enfocado su trabajo político en el Estado de México. Beto es chilango, aunque vivió una temporada en Londres.
En Jiquipilas, Chiapas —donde se habían reunido para visitar el panteón ejidal, visitar la casa paterna y conocer al nuevo integrante de la familia—, les tomó el ataque mediático. Reactivos, más que eficientes para la defensa preventiva, en Palacio Nacional han decidido no dejar sin respuesta cualquier información errónea o infundada sobre cualquier área del gobierno y por eso, el director general de Birmex rompió con su autoimpuesto voto de silencio para rechazar enérgicamente el libelo.
Las respuestas de la titular de Sectur —avaladas, como la de Ulloa Pérez, por Palacio Nacional— son fallidas, por su alicaído deslinde de sus incómodos apegos. Y es que ni su pareja actual, ni su hermano dieron la cara. Tampoco, la secretaria de Turismo de Puebla, quien desde hace dos semanas afronta una crisis de imagen, por unas disimiladas vacaciones en el País Vasco y recientemente, por sus nexos con los Rodríguez Zamora.
¿Machismo invisible, en las denuncias periodísticas? ¿O caja china, en las respuestas? Amparada en la privacidad, la funcionaria tlaxcalteca ha ocultado su evolución patrimonial. Sus nexos con Pedro Haces y ahora con el grupo político del exsenador Rabindranath Salazar, se extienden hasta la centralidad de una estructura político-electoral que en el sexenio pasado trabajó para el Grupo Tabasco. Y sobre eso, nada hay que aclarar… por ahora.
Los claudistas, bajo asedio mediático que —en una explicación lineal—obedecería a lógicas empresariales, por la pérdida de millonarios contratos. Un análisis diferencial —disponible en Palacio Nacional—arrojó otros sospechosos, igual de poderosos.
Esas pesquisas apuntan a la Península de Yucatán. Y concretamente, a Cancún. La decisión sobre la nominación morenista para la coordinación de los comités de defensa en Quintana Roo no quedará entrampada, por más virulencia de las agresiones pevemistas.













