Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc, a 19 de mayo de 2026.- Conducir a exceso de velocidad ya no solo es una imprudencia: en Yucatán se ha convertido en parte de un fenómeno impulsado por redes sociales, donde jóvenes graban “arrancones”, presumen maniobras peligrosas y transmiten carreras clandestinas buscando likes, seguidores y viralidad, sin dimensionar que muchos de esos videos podrían terminar documentando sus últimos segundos de vida.
El auditor en seguridad vial, René Flores Ayora, advirtió que en lo que va del año ya suman 94 personas fallecidas en siniestros viales en la entidad, de las cuales 45 eran motociclistas. A ellas se suman 13 peatones y 13 ciclistas, reflejando que los usuarios más vulnerables siguen siendo quienes pagan el precio más alto en las calles y carreteras.
El especialista alertó que la hiperconectividad ha cambiado la manera en que muchas personas se relacionan con el volante. Hoy cualquier trayecto puede convertirse en contenido digital y, en algunos casos, la búsqueda de aprobación en plataformas como TikTok o Instagram está llevando a conductores a asumir riesgos extremos frente al volante.
Videos mostrando velocímetros rebasando límites permitidos, transmisiones en vivo mientras conducen y competencias ilegales difundidas en redes se han vuelto cada vez más frecuentes, especialmente entre jóvenes.
Velocidad como espectáculo
Para Flores Ayora, uno de los mayores problemas es que la velocidad se ha normalizado como espectáculo. Señaló que llamar “accidente” a este tipo de hechos minimiza la realidad, pues la mayoría de los siniestros tienen causas prevenibles relacionadas con imprudencia, exceso de velocidad y pérdida de control del vehículo.
Explicó además que muchas personas no alcanzan a comprender el verdadero impacto físico de conducir rápido. Un choque a 55 kilómetros por hora equivale a caer desde un tercer piso; a 70 km/h el impacto es similar a lanzarse desde un sexto piso, mientras que a 100 km/h la fuerza del golpe representa una caída desde aproximadamente 13 pisos.
Añadió que, a velocidades superiores a los 150 kilómetros por hora, controlar un vehículo se vuelve prácticamente imposible para cualquier conductor promedio debido a la reducción del tiempo de reacción, la pérdida de visión periférica y el aumento drástico de la distancia de frenado.
El especialista insistió en que detrás de cada cifra hay familias afectadas, proyectos de vida truncados y consecuencias permanentes que pudieron evitarse.
“Ningún video, reacción o tendencia vale más que una vida”, concluyó.














