CIUDAD DE MÉXICO, a 20 de agosto de 2026.- Meditar no consiste en dejar la mente en blanco. Una parte central de esta práctica implica reconocer cuando la atención se dispersa y dirigirla nuevamente al momento presente, un ejercicio que ha despertado el interés de especialistas en psicología y neurociencias.
Gabriel Martín Villeda Villafaña, neuropsicólogo clínico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM, explicó que durante la meditación no interviene una sola zona del cerebro, sino distintas estructuras relacionadas con la atención, la memoria, las emociones y la toma de decisiones.
Entre ellas se encuentran la corteza prefrontal, la corteza cingulada anterior, la ínsula, el hipocampo y la amígdala. La interacción de estas regiones ayuda a estudiar por qué la meditación puede estar vinculada con la concentración, la regulación emocional y la respuesta ante situaciones de estrés.
Investigaciones analizadas en el texto de la UNAM han encontrado efectos pequeños o moderados en aspectos como la atención ejecutiva y sostenida, así como en algunas tareas de memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva. Sin embargo, no se han observado mejoras significativas en todos los procesos cognitivos.
¿Puede ayudar frente al estrés y mejorar el sueño?
El especialista señaló que algunas investigaciones sugieren que la amígdala, involucrada en la respuesta emocional y ante amenazas, puede reaccionar con menor intensidad frente a determinados estímulos después de ciertas prácticas meditativas. Esto no significa que el efecto sea igual para todas las personas ni que la meditación elimine el estrés.
También se ha estudiado su relación con el sueño. La meditación puede contribuir a disminuir la activación y la rumiación mental antes de dormir. Un metaanálisis citado por la UNAM encontró mejoras frente a intervenciones educativas, aunque no resultados superiores a tratamientos con evidencia como la terapia cognitivo conductual o el ejercicio.
Villeda Villafaña añadió que la constancia puede ser relevante. Algunos programas estudiados duran alrededor de ocho semanas, pero no existe una cantidad específica de minutos que garantice resultados.
La UNAM subraya que la meditación debe entenderse como una herramienta complementaria dentro de un estilo de vida saludable y no como una solución inmediata ni como sustituto de la atención profesional cuando existen trastornos importantes.














