Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc., a 26 de mayo de 2026.- Entre las imponentes piedras milenarias y los senderos recorridos cada año por miles de visitantes, dos figuras se volvieron inseparables del paisaje de Chichén Itzá. “El Wero” y “Tomasita”, los perros rescatados que durante años acompañaron a custodios, trabajadores y turistas en la zona arqueológica, fueron despedidos debido al delicado estado de salud que enfrentaban, dejando una profunda huella entre quienes convivieron con ellos.
La historia de “El Wero”, conocido también como “Chucho”, comenzó en 2019, cuando apareció enfermo y en condiciones vulnerables dentro del sitio arqueológico. Con el paso del tiempo logró recuperarse y se convirtió en el líder de una pequeña manada de lomitos rescatados que adoptó como hogar los alrededores de los antiguos templos mayas.
Los lomitos conquistaron Chichén Itzá
Durante la pandemia de Covid-19, cuando las puertas de Chichén Itzá permanecieron cerradas y el silencio sustituyó al constante flujo turístico, “El Wero” y “Tomasita” cobraron un significado especial para custodios y trabajadores, acompañándolos diariamente en jornadas marcadas por la incertidumbre.
Uno de los momentos más recordados ocurrió cuando “El Wero” logró subir hasta la cima del Castillo de Kukulkán, protagonizando una imagen que con el tiempo se volvió una de las postales más entrañables y virales del sitio arqueológico. Tomasita, por su parte, era reconocida por su carácter tranquilo y por descansar cerca de las áreas informativas, donde recibía caricias y atención de visitantes y empleados.
Aunque ambos fueron sometidos a eutanasia para evitarles sufrimiento ante el deterioro de su salud, su recuerdo permanece vivo entre quienes compartieron con ellos los caminos de Chichén Itzá. Más que mascotas, “El Wero” y “Tomasita” se convirtieron en símbolos de resiliencia, compañía y cariño dentro de una de las maravillas del mundo.















