Por Cristell Lozada
MÉRIDA, Yuc, a 29 de abril de 2026.- Con un mensaje directo contra la simulación y el aprovechamiento comercial de la identidad local, la diputada Larissa Acosta Escalante presentó una iniciativa para poner orden en el mercado y definir, sin ambigüedades, qué es y qué no es una artesanía yucateca.
La propuesta parte de un señalamiento contundente, cualquier producto industrial, incluso importado y sin vínculo con el trabajo local, puede venderse como “artesanía”, desplazando a quienes realmente sostienen esta tradición. Por ello, plantea establecer en la ley criterios claros sobre origen, técnica y elaboración, cerrando la puerta a la competencia desleal que borra el valor del trabajo artesanal.
La iniciativa también busca garantizar la autenticidad y la comercialización preferente de las artesanías yucatecas, mediante reglas firmes, políticas públicas y mecanismos de protección que traduzcan el discurso cultural en justicia económica para las y los creadores.
En ese mismo sentido, propone que todo establecimiento que se anuncie como punto de venta de artesanías yucatecas asuma una responsabilidad real y asegure que su inventario sea verdaderamente artesanal y de origen local.
“No se trata de cerrar puertas al comercio, sino de abrirle paso a la verdad”, enfatizó la legisladora.
Además, establece que los productos industriales o importados deberán identificarse con una leyenda visible que deje claro que no son artesanías yucatecas, garantizando así el derecho de las personas consumidoras a saber qué están comprando y evitando prácticas engañosas.
La propuesta también contempla facultar a autoridades estatales y municipales para verificar, supervisar y sancionar a quienes lucren con la cultura sin respetar su origen, en un intento por frenar la distorsión del mercado.
Acosta Escalante fue más allá del plano económico y colocó el tema en el terreno de la justicia social: defender la artesanía, dijo es defender la memoria, la identidad y el sustento de comunidades enteras, especialmente de mujeres mayas cuyo trabajo ha sido históricamente invisibilizado.
“No es un souvenir, es historia viva”, sostuvo.
La iniciativa abre un debate de fondo sobre la responsabilidad de Yucatán de proteger a quienes hacen posible su riqueza cultural, especialmente cuando esta se proyecta al mundo.














